LA DANZA CONTEMPORÁNEA EN MÉXICO.
CARACTERÍSTICAS
GENERALES
A fines del siglo XIX nuevas inquietudes en Europa transformarían
las Bellas Artes, para alcanzar una nueva libertad artística, cambiando
radicalmente: la pintura, la literatura, la poesía, la música, la escultura y
la danza clásica; de esta última surgió la danza moderna, debido a las
siguientes causas:
LA DANZA CONTEMPORÁNEA EN MÉXICO
Convencidos
de la autenticidad de los ideales de la Revolución Mexicana y en plena
disposición de fomentar un arte revolucionario que en ocasiones se atisbaba de
un marxismo pueril y de un malentendido realismo socialista, los artistas
representantes de este movimiento naciente sorprendieron con un gran impacto al
medio artístico. Su honestidad y pasión, marcarán un hito en la creación
coreográfica del país[1].
El apoyo oficial garantizó la continuidad de ese movimiento hasta principios de
los años 60, acogiendo inclusive a figuras extranjeras.
Desde
sus orígenes, la danza contemporánea en México ha significado un paso adelante
en la búsqueda de nuevos territorios dentro de la expresividad del movimiento.
La danza moderna mexicana nació, por fortuna bajo favorables auspicios -
precisamente en la época en que la tendencia mexicanista revolucionaria
dominaba entre los intelectuales de México, a fines de 1939, con la llegada,
casi simultánea, de dos personalidades de la danza moderna: Ana Sokolow y
Waldeen, que vinieron a radicarse a México, inflamadas ambas por el vibrante
espíritu nacionalista que saturaba el ambiente mexicano. Ellas previeron las
posibilidades d la danza, como campo virgen en el arte mexicano, y se dedicaron
con entusiasmo a formar sus respectivos grupos de discípulas entre las jóvenes
bailarinas clásicas y las aspirantes a bailarinas, adiestrándolas en la técnica
de la danza moderna. Ambas dieron exhibiciones de danza moderna con sus
respectivos grupos, desde 1939, y se lanzaron de ahí a valientes experimentos y
programas más ambiciosos.
Unida
al compositor Rodolf Halffer y al escritor José Benjamín, fundó en 1940 el
Ballet-Mojiganga, que más tarde se amplió con patrocinio privado para formar la
compañía La Paloma Azul, en la que denominaba, como es natural, el elemento
español.
Ana
Sokolow (1915), alumna de Martha Graham, estaba convencida de que la esencia
del baile proviene de la persona misma. Fundó su compañía en Nueva York y en
1939 fue invitada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para fundar el
grupo de La Paloma Azul. Colaboraron
con ella el compositor Rodolf Halffer y el escritor José Benjamín, ambos
exiliados políticos españoles. Sus primeras alumnas fueron Raquel Gutiérrez,
Rosa Reyna, Martha Bracho, llamadas las “sokolovas”, y posteriormente Ana
Mérida, quienes más tarde recurrieron a elementos nacionales para crear obras
de inconfundible sello mexicano.
En
1940 presentó una brillante temporada de danza. Para Ana Sokolow, quien montó
en México Mojiganga de Don Lindo de
Almería, Entre sombras anda el fuego, El Renacuajo paseador y otras, la
danza es el lenguaje del coreógrafo, es el códice cambiante del individuo
solitario, siempre nuevo, de otro modo, la danza moderna carecería de sentido.
Por esto mismo su danza es intensa, dramática , impregnada de soledad, del
aislamiento del hombre contemporáneo. Rehuye los academicismos y sobre todo el
refinamiento de los que quieren condescender y agradar a los protagonistas del
lenguaje establecido. Ana Sokolow salió de México una vez fundada la Paloma Azul, para regresar años después
en dos ocasiones, también invitada por el INBA. Montó Opus 60 en la Compañía Oficial, y más adelante colaboró con el
Ballet independiente. Actualmente reside en Nueva York y asiste a diversas
compañías del mundo como coreógrafa-huésped[2].
Waldeen
(1913) llegó a México en 1939, invitada por la Secretaría de Educación Pública,
causando sensación en el gremio de la danza académica. Ya en 1940 fundó, por
invitación oficial, el Ballet de la Bellas Artes, en el que se determinó una
danza moderna mexicana nacionalista con carácter universal. Dos veces ocupó la
dirección del Ballet de Bellas Artes, el Ballet Moderno de México, y el Ballet
Waldeen de México (1960), grupo formado por ella misma y que presentó en una
gira por toda la república y el extranjero.
Llevo
a cabo programas de danza moderna, esencialmente mexicanista y enfáticamente
revolucionaria, dentro de los cuales fue presentado el gran ballet de Silvestre
Revueltas La Coronela, creada en
1940, inspirado en los gravados de Posada, que marcó el patrón estético y
conceptual de muchos coreógrafos mexicanos. Una escena de este ballet, la Danza de los Desheredados, bailada por
un grupo de mujeres envueltas en sombríos rebozos, hizo época en los anales de
la danza mexicana, y ha sido copiada hasta la saciedad, hasta el punto de
convertirse en una formula rutinaria, el “rebozismo”, de que echan mano todas
las bailarinas que quieren expresar el dolor y el sufrimiento de las mujeres
del pueblo. Además de esta, su obra maestra, Waldeen presentó otras obras interesantes
como la Danza de la Fuerzas Nuevas, En la
Boda, Elena la Traicionera, Ocho por radio, y el ballet masivo Siembra.
Cuando
la primera generación de sus alumnos. Guillermina Bravo, Josefina Lavalle,
Amalia Hernández, Dina Torregrosa, Magda Montoya, Lourdes Campos y
posteriormente Ana Mérida y Guillermo Arriaga, tomaron su propio rumbo, Waldeen
continuó su trabajo en México en forma independiente. Al triunfo de la
revolución cubana invitada por el gobierno, funda la escuela de danza moderna
de la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, Habana, en colaboración con
Colombia Moya[3].
A
pesar de este magnífico inicio, con apoyo del gobierno, público, músicos y
pintores, en la danza mexicana pronto surgieron las primeras desavenencias y
los grupos comenzaron a disgregarse; el ballet de la ciudad e México no volvió
a levantar la cabeza. Cuando Ana Sokolow y Waldeen regresaron a su patria, sus
principales discípulas formaron sus propios grupos. Ya desde un principio estos
grupos se habían mantenido en continua competencia y aún en pugna abierta, que
más tarde se acentuó cuando los grupos se subdividieron en pequeñas unidades,
todas rivales entre sí.
El
movimiento levantado por Waldeen y Sokolw, los alumnos de ambas y el Instituto
Nacional de Bellas Artes, recientemente creado, tuvieron una influencia
decisiva en el desarrollo de la danza moderna al fundar, en febrero de 1947, la
Academia de la Danza Mexicana, que tendría por objetivo fomentar la enseñanza
de la danza contemporánea. Esta Academia reunió en una escala de tipo
profesional y con elevados objetivos artísticos, a los bailarines dispersos -
los discípulos de Waldeen, los de Ana Sokolow - y a los que habían surgido de
la Escuela Nacional de Danza. Durante su primer año a la Academia trabajó
intensamente bajo la dirección de Guillermina Bravo y de Ana Mérida, en la
ruinosa iglesia de San Diego, y presentó dos programas de danza moderna con
obra mexicanas como el Zanate, El Pájaro
y las Doncellas, Día de Difuntos y En la Boda de Galindo. Desgraciadamente
surgieron dificultades entre las directoras, y Guillermina Bravo se separó de
la Academia llevándose a su grupo, que más tarde se constituyó en el Ballet
Nacional, subsistente con el apoyo semioficial. Después de esta separación, la
Academia de la Danza Mexicano cayó en un período de letargo estéril y
desmoralización hasta 1949.
La
única contribución del año 1948 a la danza será la llegada de Katherine Dunham
y su extraordinaria compañía, quienes presentaron dos largas temporadas, con
enorme éxito, de danza moderna negra con temas norteamericanos, antillanos y
brasileños. Esta compañía mostró a nuestros bailarines y aspirantes a
coreógrafos el enorme partido que puede sacarse del folklore cuando se le
maneja con inteligencia e integridad artística, siempre que se cuente con
buenos bailarines que tengan proyección escénica y un alto sentido profesional.
En
1949 se nombró como jefe del Departamento de la Academia de la Danza Mexicana
al director teatral Fernando Wagner para reorganizar la Academia, imponer
disciplina y levantar la moral de los bailarines con una nueva temporada de
danza. Además se implantaron cursos de cultura general con materias como
Música, Rítmica, Historia del Arte, Cultura prehispánica y Arte Teatral, aunque
no logró romper el vicio, ya ingénito entre las bailarinas, de capitanear
grupos rivales entre sí. La temporada de 1949 de la Academia logró una calidad
artística más alta que las anteriores, presentándose: Sinfonía India, Fecundidad, La Luna y el Venado, Danza Fúnebre, La
Madrugada del Panadero y El Pájaro y la Doncellas.
La
Academia de la Danza Mexicana había vuelto a ser desde entonces un apéndice del
departamento de Teatro del I. N. B. A. y se acordó que para desarrollarse, la
danza ameritaba la reorganización del Departamento de Danza, labor que se
encomendó a Miguel Covarrubias en junio de 1850, lo más urgente era la
renovación del concepto de la danza moderna, que se había estancado en el
estilo de quince años atrás; la enseñanza de una técnica más avanzada y más
amplia que la que los mismos bailarines de la Academia podían enseñarse unos a
otros; el más intenso ejercicio de sus cuerpos; una disciplina más estricta y
efectiva a base de convicción propia; el mejoramiento económico de los
bailarines, dentro de las limitaciones determinadas por el presupuesto; pero
sobre todo la eliminación de grupos antagónicos y la incorporación de elementos
valiosos en un solo cuerpo de danza, sin recocer estrellatos ficticios, para la
realización de una labor que antes que nada requiere la pareja cooperación de
todas en el progreso del conjunto.
La
unificación de los elementos profesionales de la Academia se logró por el único
medio posible: la eliminación de personalidades que trataban de usar la
academia para intereses personales, así como la incorporación total de los
miembros de los grupos autónomos dentro de la Academia, como el Grupo
Experimental de Ana Mérida, del que han surgido destacados artistas como:
Guillermo Arriaga, Elena Noriega, Beatriz Flores, Rocío Sagaón, Rosalío Ortega
y Helena Jordán.
La
disciplina y la calidad técnica de los bailarines sólo se conseguiría
contratando a un verdadero maestro de la danza moderna, extraño a los
compromisos de las ficciones establecidas, que se hiciera respetar de todos por
su seriedad, su amor a la danza, su disciplina y sus conocimientos, esta labor
se encomendó al joven bailarín Xavier Francis, quien logro formar un numeroso
grupo de bailarines con un nivel técnico sin precedente.
Con
el propósito de que los bailarines mexicanas tuvieran un contacto más directo
con las personalidades de la danza moderna, y que ellos y el público adquieran
un concepto de la danza moderna más avanzado y de mejor calidad artística, el
nuevo Departamento de la Danza del I. N. B .A. invitó a José Limón, la figura
contemporánea más destacada, a venir a México en septiembre de 1950 con su
excelente compañía, en unión de su gran maestra Doris Humphrey, para impartir
cursos de coreografía y teoría de la danza en la Academia, y para presentar una
temporada en Bellas Artes. La actuación de Limón y de su compañía fue toda una
revelación para nuestros bailarines y obtuvo un éxito delirante en el público
con coreografías como: La Malinche, Los
Desterrados, Historia de la Humanidad, Invención, Concerto Grosso, Preludio y
Fuga, La Chacona en Re Menor y Llanto por Sánchez Mejía.
El
Departamento de Danza comenzó a preparar la primera gran temporada del ballet
Mexicano de la Academia, desde principios de 1951, con José Limón como bailarín
huésped, coreógrafo, maestro y director artística de la temporada. También se
invitó, con la mira de atraer a los grupos independientes, al Ballet Nacional
de Guillermina Bravo, para que montara su ballet-cantata Recuerdo a Zapata, también se incluyeron obras de los más variados
estilos con el objeto de probarlos ante el público, como: Los Cuatro Soles, Diálogos, Tonantzintla, La Manda, Imaginerias
(fantásticas suite de danzas abstractas y alta técnica coreográfica) y La Tertulia. Esta temporada tuvo
interesante repercusiones en el extranjero; varios críticos de danza de la prensa norteamericana hicieron el viaje a
México para presenciarla y escribieron sendos artículos en los diarios de New
York, Boston y Philadelphia. La universidad de Connecticut y la Universidad de
la Danza de Jacob’s Pillow, en Massachusetts, que cada año celebran grandes
festivales de danza que constituyen los acontecimientos más importantes en el
mundo de la danza moderna, invitaron a los interpretes de Tonatzintla a bailarla en sus programas, otorgándoseles becas para
participar en los cursos de danza, repitiendo el triunfo; además dieron
exhibiciones de danza folklórica mexicana, por lo que se convirtieron en la
principal atracción de estos famosos festivales.
En
vista del buen éxito de esta primera temporada, El departamento de Danza organizó
otra para el otoño del mismo año, con José Limón como bailarín y coreógrafo
huésped y su maestra Doris Humphrey, invitada para montar su famosa Pasacalle, con música de Bach,
considerada como una de las obras maestras de la danza moderna, se montaron
obras nuevas como: Antígona, de
Chávez; Redes, de Revueltas; Limón le
dio a este ballet un profundo sentido filosófico e interpretó magistralmente la
música de Revueltas, reiterando su genio como coreógrafo y como bailarín.
La
lección más interesante de esta temporada fue el hecho de que las coreografías
de los jóvenes bailarines mexicanos no desmerecieron al lado de las obras de
los maestros de danza moderna, entre ellos: Guillermo Keys realizó El Chueco, Guillermo Arriaga triunfó con
El Sueño y la Presencia, y Elena
Noriega debutó con el ballet Tierra.
La
siguiente temporada se llevó a cabo en abril de 1952y en ella se estrenaron
diez obras con música mexicana como: Tozcatl, El Invisible, La hija del Yori,
Antesala, La Balada Mágica, La Poseída, Sensemayá, Muros Verdes, Entre Sombras
anda el Fuego, y La Valse de Ravel, única obra que no se realizó con música
mexicana.
Esta
Academia tuvo como consecuencia la creación del Ballet Mexicano de Bellas
Artes, más tarde conocido como el Ballet Contemporáneo, para retomar finalmente
su nombre original, bajo la dirección de Ana Mérida, quien lo disolvió en 1963.
Nombrando
director del Departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes en
1950, el pintor Miguel Covarrubias dará el segundo empuje al movimiento; él
será el responsable de invitar a colaborar como maestro y coreógrafo en México
al renombrado coreógrafo y bailarín mexico - norteamericano José Limón, quien a
partir de su mensaje La pavana del Moro en
1950, dejó cautivado al público mexicano[4].
Además de José Limón, Xavier Francis también participó en la danza mexicana,
influenciando a nuestros artistas con sus técnicas de la escuela
norteamericana.
El
ciclo originado por La Coronela, de Waldeen, en 1940, culmina con la creación
de Zapata, en 1953, de Guillermo Arriaga, danza en la que se plasma toda la
potencialidad de la expresión coreográfica mexicana[5].
Con amplias colaboraciones entre músicos[6],
artistas plásticos[7],
bailarines y creadores, la danza contemporánea en México se convierte en una
experiencia liberadora para los integrantes de su movimiento y da resultados
que sientan las bases de la danza contemporánea actual. Y entre un parámetro y
otro quedó el aporte fundamental de coreógrafos como Elena Noriega, Ana Mérida,
Rosa Reyna, Farnesio de Bernal, Guillermo Keys e independientemente Magda
Montoya al frente del Ballet de la Universidad. Asimismo Guillermina Bravo,
fundó en 1948 el Ballet Nacional de
México, siendo este un grupo autónomo de sólida tendencia realista que,
manteniendo el espíritu del arte revolucionario del mural y la estampa. se ha
lanzado a la ardua tarea de llevar la danza de concierto al pueblo, buscándolo
en sus propios ámbitos. Esto fue a su vez base para el lanzamiento de nuevos
coreógrafos, entre ellos, Raúl Flores Canelo, cofundador en 1966, con Gladiola
Orozco, del Ballet Independiente de
México, ambos grupos entusiasmados por las innovaciones norteamericanas a
la danza mundial, incorporaron la técnica de Martha Graham como el medio de
entrenamiento fundamental de sus integrantes, continuando hasta la fecha este
perfil de entrenamiento. Con esta fuerte representación de artistas, la danza
contemporánea en México fue una emancipación furiosa de todo aquello que
pudiera tener la mínima referencia con el ballet. Más tarde apareció una
tercera compañía que impacto por sus propuestas innovadoras, el Ballet Teatro del Espacio; creado por
Michel Descombey, ex-director de danza de la Ópera de París, y Gladiola Orozco,
en 1979. Esta compañía, junto con las anteriores, encabeza la panorámica de la
danza contemporánea subsidiada por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Este
fue el tronco donde crecieron otros grupos como Expanción 7, Morula y el Forion Ensamble, único sobreviviente
ahora. La disolución en 1963 del Ballet
Mexicano de Bellas Artes dio pie a que los bailarines se aglutinaran en
pequeños grupos en la búsqueda de nuevos caminos, formando una nueva generación
de creadores y bailarines deseosos de expresarse de otra manera y con un
lenguaje corporal personal. Ellos serán los que darán inicio al llamado
movimiento de la danza contemporánea independiente, líder de los foros
nacionales en los años 80. Estos grupos fueron el El Nuevo Teatro de la Danza de Bodyl Genkel y Xavier Francis, el Ballet
Popular de Guillermo Arriaga, el Ballet Contemporáneo de Rosa Reyna, el Taller
Coreografía y el Ballet Contemporáneo de Bodyl Genkel y la Compañía de Danza
Moderna de la Academia de la Danza Mexicana, que intentó revivir la época
de oro con obras de Waldeen; Farnesio de Bernal y Josefina Lavalle, entre
otras, como un intento por reconocer el pasado para resaltar al futuro. Pero
ninguna de estas iniciativas mantuvo el interés oficial por la danza
contemporánea.
Muchos
serán los grupos, estilos, expresiones que habrán de aparecer a partir de esta
atomización. Con influencias que van desde Pina Braush, Jirí Kilián, Nacho
Duato y Philobolus, entre otros, los jóvenes artistas mexicanos han sido el
centro en buena parte de las programaciones artísticas de los foros de danza
del país.
Treinta años de danza
mexicana
Manuel Stephens
A finales de la década de 1970 se empezó a gestar
un movimiento que cambiaría por completo el rostro de la danza escénica
mexicana. Tras décadas de hegemonía detentada por Guillermina Bravo y el Ballet
Nacional de México (BN), la cual posteriormente comparte con el Ballet
Independiente de México (BI), instituido por Raúl Flores Canelo –ex bailarín
del BN – y el Ballet Teatro del Espacio (BTE), dirigido por Gladiola Orozco y
Michel Descombey (surgido de una escisión al interior del BI), un grupo de
jóvenes deciden explorar nuevas maneras de bailar, improvisar y componer.
En 1977, Jorge Domínguez, Lidya Romero y Eva
Zapfe, acompañados por un grupo de bailarines, fundan el Forion Ensamble y nace
lo que se ha denominado Danza Independiente. El término se ha mantenido
en uso para referirse a grupos que no responden a estructuras jerárquicas como
las de las grandes compañías. Sin embargo, su acuñación se debe a improntas
estéticas e históricas enarboladas por los miembros de esta generación que no
están por entero presentes en las siguientes.
Los años 1980 son de una efervescencia
excepcional, cualitativa y cuantitativamente, en la creación dancística
contemporánea, así como en la apertura de espacios, festivales e instituciones
que propician nuevas oportunidades y condiciones para el desarrollo de este
arte. En 1980 se inaugura la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural
Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tiene
lugar la primera edición del entonces Premio Nacional de la Danza, auspiciado
por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Fondo Nacional para
Actividades Sociales (Fonapas). La sala Covarrubias es el segundo teatro en
todo el país cuya vocación es plenamente dancística (el otro es el Teatro de la
Danza del INBA) y revitalizó el medio profesional, ofreciendo un espacio de
grandes dimensiones que cubría por entero las necesidades de tramoya,
iluminación y sonido para los espectáculos (el Teatro de la Danza no cuenta con
desahogos para escenografías, por ejemplo). Por otra parte, el Premio (como
coloquialmente se le conoce y que tristemente alude a que sigue siendo el único
en el país) reunió a los nuevos coreógrafos, los confrontó con el trabajo de
sus pares y se convirtió en espacio de arriesgada creación, termómetro de la
danza contemporánea nacional y fecundación in vitro de numerosas
compañías.
En 1981 se da la primera edición del Festival de
Danza Contemporánea de San Luis Potosí, gracias a la tenacidad de Lila López
(1933-2001); es el primero en su tipo en Latinoamérica y eventualmente se
convertirá en internacional. El Festival tenía entre sus objetivos la
capacitación profesional de bailarines de los estados y mostrar las expresiones
más vigentes de la danza. Este mismo año, Isabel Beteta inaugura el Centro
Cultural Los Talleres, espacio de formación y sede de compañías, el cual
contará además con un teatro de cámara que es una valiosa opción dentro de la
magra infraestructura teatral para la danza.
El Premio ha sido fundamental en la nutrición de
la escena dancística contemporánea. En 1989 el ganador es Rodolfo Maya con la
coreografía Y ahora… ¿qué? A la luz de la luna llena todos los corazones son
pálidos. Con este coreógrafo se inicia un cambio de estafeta. Los grupos
independientes en un lapso de doce años propiciaron que sus bailarines se
adentraran en los vericuetos de la composición y la incertidumbre, sin
importarles el ridículo celo y paranoia que permeaba a las compañías oficiales
(el único abierto a la “competencia” fue Flores Canelo, que alentaba a su
compañía y alumnos a la composición en el Concurso Interno de Coreografía del BI).
Maya había sido miembro de Utopía, agrupación dirigida por Marco Antonio Silva,
y con su reconocimiento institucional se anuncia una generación distinta a los
independientes.
La Danza Independiente inicia en 1977, con la
fundación del Forion Ensamble, y concluye en 1988-1989 con la instauración del
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional
para la Cultura y las Artes (Fonca), respectivamente. Conaculta y Fonca
implican una nueva forma de producción de las artes con la que no se contaba
anteriormente, y que es definitoria en el perfil que asumirá la danza
contemporánea. Los grupos independientes todavía viven la influencia de las
revoluciones comunista, estudiantil, sexual, feminista, gay, etcétera. Son
todavía el reducto de creer que hay un futuro y que éste se puede labrar. Dejan
de aprisionarse en la técnica Graham, la que estalinísticamente Guillermina
Bravo imponía, y buscan otros medios de expresión.
Amalia Hernández es artífice en muchos aspectos
del cambio de panorama. Visionaria y empresaria, Hernández hizo que
repercutieran en México coreógrafos que habían sistematizado su estilo, como
Alwin Nikolais. Patrocina la estancia de bailarines en Nueva York y abre las
puertas de foro del Ballet Folklórico de México (nótese cómo las compañías
institucionalizadas insistían en ser “de México”, un afán totalizador para
autolegitimizarse) para que den funciones. Los grupos e intérpretes plenamente
independientes son Forion Ensamble y sus múltiples derivaciones, Danza Libre
Universitaria, Utopía, Barro Rojo, Ballet Danza Estudio, Teatro del Cuerpo,
Contradanza, U, X. Onodanza, Pilar Medina, Contempodanza, Antares, Púrpura y Rolando
Beattie, entre otros.
Los bailarines y coreógrafos que toman la batuta
inmediatamente después, sin ser radicalmente opuestos a los independientes, se
enfrentan a una realidad que contrasta con el pasado inmediato. Nacidos al
final de la década de 1960 y principios de 1970, estos artistas se enfrentan,
entre otras cosas, a la emergencia del sida. La revolución sexual y el destape
de los setenta se ven asaltados por el uso del condón. Esta fue una empresa
difícil que implicaba una barrera hacia el otro, lo que se contrapone a la sesentera
idea de búsqueda y contacto con los otros. Se acabaron los buenos y libres
tiempos.
La “cuarta generación” de coreógrafos y
bailarines mexicanos, los de en medio, está marcada por el derrumbe de
las ideologías. En 1989 cae el Muro de Berlín y, en 1991, acaba la Guerra fría
entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética y Estados Unidos. No hay más
en qué creer. El “enemigo” se desvanece. ¿Contra qué manifestarse si todo está
en descomposición? Esto generó un ámbito dancístico que en cierta medida se
volvió apolítico y optó por la exploración del yo.
A diferencia de los grupos independientes, los
nuevos artistas de la danza viven el proceso de globalización y tienen mayores
posibilidades de capacitarse en el extranjero. Las técnicas ortodoxas se dejan
de lado y se busca la originalidad a ultranza. A la influencia de la
danza-teatro que marcó la década de los ochenta se suman estilos generados en
1970 en Estados Unidos. El contact improvisation y el release toman
fuerza en la escena. El contact se baila usualmente en duetos y se basa
en el establecimiento de contacto entre los cuerpos y sentir el peso del otro
para producir un diálogo en movimiento. El release, por su parte, es una
técnica que busca la realineación de la estructura ósea, estabiliza algunas
partes del cuerpo mientras que libera otras, busca la desarticulación, hace
hincapié en los impulsos que generan el movimiento y, por lo tanto, en las
transiciones entre éstos.
Otras técnicas que influencian a la danza a
partir de 1990 son el butoh y el clown. Las necesidades de
expresión contemporánea abrevan de múltiples técnicas y estilos y se generan
híbridos. Entre los grupos que nacen en esa década se cuentan los que en la
actualidad encabezan la escena dancística y se han establecido como compañías;
algunos de ellos son Delfos, Quiatora Monorriel, La Manga, Las Bestias,
Aksenti, La Cebra, Cressida, Alicia Sánchez y Compañía, Óscar Ruvalcaba, Arte
Móvil Danza Clan, AnDanza, Proyecto Finisterra y Onírico.
La generación de los noventa experimenta el
cambio en la producción de las artes. El Fonca viene a ser un respiro para la
danza contemporánea que no contaba con el apoyo necesario y sistemático para su
producción. Mucho se ha discutido si el Fonca ha propiciado que se trabaje en
función de obtener becas, sin embargo, es la única opción de producir
espectáculos, ya que no se ha logrado que la iniciativa privada participe con
fondos de manera regular.
Otro de los logros debidos a esta generación,
con el apoyo de Conaculta y el INBA, ha sido la descentralización. La danza en
los ochenta estaba prácticamente centralizada en el Distrito Federal, con muy
pocas excepciones. El Festival de San Luis y los que se fundaron
posteriormente, que conforman la actual Red de Festivales, constituyeron un puente
para llevar la danza a los estados. Generando públicos, los festivales
propiciaron que la danza se profesionalizara por toda la República. Compañías
como Delfos, dirigida por Claudia Lavista y Víctor Ruíz emigraron a Mazatlán,
donde han desarrollado un proyecto educativo inusitado en el país con la
creación de la Escuela Profesional de Danza de esa ciudad. Lourdes Luna ha sido
una coreógrafa que se ha establecido en varios estados de la República y
actualmente reside en Mérida. En Morelia se ha desarrollado un importante
movimiento dancístico.
Otra de las características de las agrupaciones
surgidas en la última década del siglo XX es que la mayoría de los coreógrafos
se formaron por sí mismos y en los escenarios. La Escuela Nacional de Danza
Clásica y Contemporánea abre la licenciatura en coreografía apenas en 1995.
Algunos coreógrafos han optado por la validación oficial y son profesores de la
carrera. La profesionalización de los estudios coreográficos y dancísticos en
nuestro país es un fenómeno relativamente reciente y en la actualidad se han
multiplicado las instituciones que ofrecen estudios a nivel licenciatura.
La danza a partir de los independientes es tal
en la medida que huye de las ortodoxias. Las compañías oficiales, el
desaparecido Ballet Nacional, el Ballet Teatro del Espacio y el Ballet
Independiente, no son más una referencia para los nuevos coreógrafos, quienes
por la globalización tienen acceso a muchas más opciones que en el pasado.
Una circunstancia que se está dando actualmente
es que, a diferencia de la generación de los noventa que estableció sus
compañías, los coreógrafos trabajan por proyecto, prefieren convocar a pocos
bailarines o en ocasiones componen unipersonales. Esto se debe a la devastadora
crisis económica que ha habido en el país y que no permite producir proyectos
de gran formato, pero también por la posibilidad de presentarse en el exterior.
La internacionalización de la danza mexicana es un hecho.
El sueño de la danza durante los años 1980 dio
paso a nuevos coreógrafos y bailarines que siguieron con los ideales de
independencia creativa y autogestión. Hoy en día la danza cuenta con mayores
espacios y formas de producción, pero no hay un movimiento dancístico que
permita agrupar a los nuevos creadores todavía. El centralismo de las últimas
décadas del siglo pasado fue superado, pero se han creado nuevos “centros”,
como el del noroeste, Morelia, Xalapa o Mérida, y se ha perdido el diálogo
entre los coreógrafos de las diferentes regiones del país.
Al ser la danza contemporánea una búsqueda
personal, íntima y de experimentación es indudable que las individualidades se
impongan. Sin embargo, es necesario el reconocimiento de los pares. La danza de
los últimos años ha perdido un sentido de comunidad que habría que recuperar,
así como renovar instituciones como el Premio que a treinta años de su primera
edición ha perdido la vigencia que tenía.
La explosión de grupos que inició en 1977, y que
continúa, es muestra de que la danza es un arte que configura nuestra identidad
cultural. Los apoyos y la infraestructura han mejorado, pero no son aún
suficientes en comparación con los de otras disciplinas. En esta labor que no
termina, los independientes y la generación de los noventa han jugado un rol
indispensable en la conformación de la escena dancística actual. Toca a las
nuevas generaciones reconocer la historia reciente de la danza mexicana, para
no bailar en el vacío.
LA CEBRA DANZA GAY
CECICLIA MUZQUIZ
DRAMADANZA
[1] En este arte se expresaron tanto el muralismo en la pintura como
algunas obras de Obregón Santacilia, en arquitectura, y de Silvestre Revueltas,
en música, además de la literatura. Curso de culturas comunitarias.
[2] Op. Cit. Cardona... pp. 29
[3] Cardona Patricia. La danza moderna, México, D.F., 1980, UNAM, pp.
26.
[4] Curso de promotoría cultural. Materiales de apoyo, México, D.F.,
s.f., CNCA (culturas populares), p. 37-38.
[5] Hay que hacer notar la importancia que tienen, en mayor o menor
grado, ballets como: En la boda, El Zanate, Tonantzintla, El sueño, la
presencia, La maestra rural o Titeresca. Artes de México, p. 66.
[6] Como Silvestre Revueltas, Blas Galindo -su discípulo-, Carlos
Chávez, José Pablo Moncayo, Luis Sandi o Salvador Contreras.
[7] Que enriquecieron la espectacularidad de la danza con sus colores
y formas como: Gabriel Fernández Ledesma, Miguel Covarrubias, José Chávez
Morado o Carlos Mérida.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarLa danza contemporanea son impactos movimientos artistico con su honestidad y pasión llego a mexico a los años 60
ResponderEliminarEn el video muestra dos parejas haciendo la danza que el hombre carga ala mujer y un poco de tiempo sale otro hombre haciando movimientos.
en el otro video indica que estan danzando ballet
Esto nos indica como ha evolucionado la danza en nuestro pais que es mexico, como ha llegado tan lejos con la danza contemporanea y la danza moderna y el ballet.
^
ResponderEliminar|
|
Atte: Anahi Román Peralta TV
Entendí la llegada de la danza contemporánea en México suspirado en la revolución mexicana esto fue llegando a México en los años 60 que ha transformado a México con grandes maestros bailarines como pude observar en los videos los bailarines mexicanos hacian movimientos suaves pero como que resaltaban con volteretas
ResponderEliminary en el otro video pude observar como la mujer hacia movimientos suaves con algo de ballet. asi fue revolucionando la danza contemporánea en México. la danza contemporánea es expresión, creatividad las parejas deben de trabajar juntas sintiendo lo que bailan .
Gonzalez Moo Natali Concepcion 3 "D" t.v