4 Contemporánea

LA DANZA CONTEMPORÁNEA EN MÉXICO.


CARACTERÍSTICAS GENERALES

A fines del siglo XIX nuevas inquietudes en Europa transformarían las Bellas Artes, para alcanzar una nueva libertad artística, cambiando radicalmente: la pintura, la literatura, la poesía, la música, la escultura y la danza clásica; de esta última surgió la danza moderna, debido a las siguientes causas:

LA DANZA CONTEMPORÁNEA EN MÉXICO

Convencidos de la autenticidad de los ideales de la Revolución Mexicana y en plena disposición de fomentar un arte revolucionario que en ocasiones se atisbaba de un marxismo pueril y de un malentendido realismo socialista, los artistas representantes de este movimiento naciente sorprendieron con un gran impacto al medio artístico. Su honestidad y pasión, marcarán un hito en la creación coreográfica del país[1]. El apoyo oficial garantizó la continuidad de ese movimiento hasta principios de los años 60, acogiendo inclusive a figuras extranjeras.

Desde sus orígenes, la danza contemporánea en México ha significado un paso adelante en la búsqueda de nuevos territorios dentro de la expresividad del movimiento. La danza moderna mexicana nació, por fortuna bajo favorables auspicios - precisamente en la época en que la tendencia mexicanista revolucionaria dominaba entre los intelectuales de México, a fines de 1939, con la llegada, casi simultánea, de dos personalidades de la danza moderna: Ana Sokolow y Waldeen, que vinieron a radicarse a México, inflamadas ambas por el vibrante espíritu nacionalista que saturaba el ambiente mexicano. Ellas previeron las posibilidades d la danza, como campo virgen en el arte mexicano, y se dedicaron con entusiasmo a formar sus respectivos grupos de discípulas entre las jóvenes bailarinas clásicas y las aspirantes a bailarinas, adiestrándolas en la técnica de la danza moderna. Ambas dieron exhibiciones de danza moderna con sus respectivos grupos, desde 1939, y se lanzaron de ahí a valientes experimentos y programas más ambiciosos.

Unida al compositor Rodolf Halffer y al escritor José Benjamín, fundó en 1940 el Ballet-Mojiganga, que más tarde se amplió con patrocinio privado para formar la compañía La Paloma Azul, en la que denominaba, como es natural, el elemento español.

Ana Sokolow (1915), alumna de Martha Graham, estaba convencida de que la esencia del baile proviene de la persona misma. Fundó su compañía en Nueva York y en 1939 fue invitada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para fundar el grupo de La Paloma Azul. Colaboraron con ella el compositor Rodolf Halffer y el escritor José Benjamín, ambos exiliados políticos españoles. Sus primeras alumnas fueron Raquel Gutiérrez, Rosa Reyna, Martha Bracho, llamadas las “sokolovas”, y posteriormente Ana Mérida, quienes más tarde recurrieron a elementos nacionales para crear obras de inconfundible sello mexicano.

En 1940 presentó una brillante temporada de danza. Para Ana Sokolow, quien montó en México Mojiganga de Don Lindo de Almería, Entre sombras anda el fuego, El Renacuajo paseador y otras, la danza es el lenguaje del coreógrafo, es el códice cambiante del individuo solitario, siempre nuevo, de otro modo, la danza moderna carecería de sentido. Por esto mismo su danza es intensa, dramática , impregnada de soledad, del aislamiento del hombre contemporáneo. Rehuye los academicismos y sobre todo el refinamiento de los que quieren condescender y agradar a los protagonistas del lenguaje establecido. Ana Sokolow salió de México una vez fundada la Paloma Azul, para regresar años después en dos ocasiones, también invitada por el INBA. Montó Opus 60 en la Compañía Oficial, y más adelante colaboró con el Ballet independiente. Actualmente reside en Nueva York y asiste a diversas compañías del mundo como coreógrafa-huésped[2].
Waldeen (1913) llegó a México en 1939, invitada por la Secretaría de Educación Pública, causando sensación en el gremio de la danza académica. Ya en 1940 fundó, por invitación oficial, el Ballet de la Bellas Artes, en el que se determinó una danza moderna mexicana nacionalista con carácter universal. Dos veces ocupó la dirección del Ballet de Bellas Artes, el Ballet Moderno de México, y el Ballet Waldeen de México (1960), grupo formado por ella misma y que presentó en una gira por toda la república y el extranjero.

Llevo a cabo programas de danza moderna, esencialmente mexicanista y enfáticamente revolucionaria, dentro de los cuales fue presentado el gran ballet de Silvestre Revueltas La Coronela, creada en 1940, inspirado en los gravados de Posada, que marcó el patrón estético y conceptual de muchos coreógrafos mexicanos. Una escena de este ballet, la Danza de los Desheredados, bailada por un grupo de mujeres envueltas en sombríos rebozos, hizo época en los anales de la danza mexicana, y ha sido copiada hasta la saciedad, hasta el punto de convertirse en una formula rutinaria, el “rebozismo”, de que echan mano todas las bailarinas que quieren expresar el dolor y el sufrimiento de las mujeres del pueblo. Además de esta, su obra maestra, Waldeen presentó otras obras interesantes como la Danza de la Fuerzas Nuevas, En la Boda, Elena la Traicionera, Ocho por radio, y el ballet masivo Siembra.
Cuando la primera generación de sus alumnos. Guillermina Bravo, Josefina Lavalle, Amalia Hernández, Dina Torregrosa, Magda Montoya, Lourdes Campos y posteriormente Ana Mérida y Guillermo Arriaga, tomaron su propio rumbo, Waldeen continuó su trabajo en México en forma independiente. Al triunfo de la revolución cubana invitada por el gobierno, funda la escuela de danza moderna de la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, Habana, en colaboración con Colombia Moya[3].

A pesar de este magnífico inicio, con apoyo del gobierno, público, músicos y pintores, en la danza mexicana pronto surgieron las primeras desavenencias y los grupos comenzaron a disgregarse; el ballet de la ciudad e México no volvió a levantar la cabeza. Cuando Ana Sokolow y Waldeen regresaron a su patria, sus principales discípulas formaron sus propios grupos. Ya desde un principio estos grupos se habían mantenido en continua competencia y aún en pugna abierta, que más tarde se acentuó cuando los grupos se subdividieron en pequeñas unidades, todas rivales entre sí.

El movimiento levantado por Waldeen y Sokolw, los alumnos de ambas y el Instituto Nacional de Bellas Artes, recientemente creado, tuvieron una influencia decisiva en el desarrollo de la danza moderna al fundar, en febrero de 1947, la Academia de la Danza Mexicana, que tendría por objetivo fomentar la enseñanza de la danza contemporánea. Esta Academia reunió en una escala de tipo profesional y con elevados objetivos artísticos, a los bailarines dispersos - los discípulos de Waldeen, los de Ana Sokolow - y a los que habían surgido de la Escuela Nacional de Danza. Durante su primer año a la Academia trabajó intensamente bajo la dirección de Guillermina Bravo y de Ana Mérida, en la ruinosa iglesia de San Diego, y presentó dos programas de danza moderna con obra mexicanas como el Zanate, El Pájaro y las Doncellas, Día de Difuntos y En la Boda de Galindo. Desgraciadamente surgieron dificultades entre las directoras, y Guillermina Bravo se separó de la Academia llevándose a su grupo, que más tarde se constituyó en el Ballet Nacional, subsistente con el apoyo semioficial. Después de esta separación, la Academia de la Danza Mexicano cayó en un período de letargo estéril y desmoralización hasta 1949.

La única contribución del año 1948 a la danza será la llegada de Katherine Dunham y su extraordinaria compañía, quienes presentaron dos largas temporadas, con enorme éxito, de danza moderna negra con temas norteamericanos, antillanos y brasileños. Esta compañía mostró a nuestros bailarines y aspirantes a coreógrafos el enorme partido que puede sacarse del folklore cuando se le maneja con inteligencia e integridad artística, siempre que se cuente con buenos bailarines que tengan proyección escénica y un alto sentido profesional.

En 1949 se nombró como jefe del Departamento de la Academia de la Danza Mexicana al director teatral Fernando Wagner para reorganizar la Academia, imponer disciplina y levantar la moral de los bailarines con una nueva temporada de danza. Además se implantaron cursos de cultura general con materias como Música, Rítmica, Historia del Arte, Cultura prehispánica y Arte Teatral, aunque no logró romper el vicio, ya ingénito entre las bailarinas, de capitanear grupos rivales entre sí. La temporada de 1949 de la Academia logró una calidad artística más alta que las anteriores, presentándose: Sinfonía India, Fecundidad, La Luna y el Venado, Danza Fúnebre, La Madrugada del Panadero y El Pájaro y la Doncellas.

La Academia de la Danza Mexicana había vuelto a ser desde entonces un apéndice del departamento de Teatro del I. N. B. A. y se acordó que para desarrollarse, la danza ameritaba la reorganización del Departamento de Danza, labor que se encomendó a Miguel Covarrubias en junio de 1850, lo más urgente era la renovación del concepto de la danza moderna, que se había estancado en el estilo de quince años atrás; la enseñanza de una técnica más avanzada y más amplia que la que los mismos bailarines de la Academia podían enseñarse unos a otros; el más intenso ejercicio de sus cuerpos; una disciplina más estricta y efectiva a base de convicción propia; el mejoramiento económico de los bailarines, dentro de las limitaciones determinadas por el presupuesto; pero sobre todo la eliminación de grupos antagónicos y la incorporación de elementos valiosos en un solo cuerpo de danza, sin recocer estrellatos ficticios, para la realización de una labor que antes que nada requiere la pareja cooperación de todas en el progreso del conjunto.

La unificación de los elementos profesionales de la Academia se logró por el único medio posible: la eliminación de personalidades que trataban de usar la academia para intereses personales, así como la incorporación total de los miembros de los grupos autónomos dentro de la Academia, como el Grupo Experimental de Ana Mérida, del que han surgido destacados artistas como: Guillermo Arriaga, Elena Noriega, Beatriz Flores, Rocío Sagaón, Rosalío Ortega y Helena Jordán.

La disciplina y la calidad técnica de los bailarines sólo se conseguiría contratando a un verdadero maestro de la danza moderna, extraño a los compromisos de las ficciones establecidas, que se hiciera respetar de todos por su seriedad, su amor a la danza, su disciplina y sus conocimientos, esta labor se encomendó al joven bailarín Xavier Francis, quien logro formar un numeroso grupo de bailarines con un nivel técnico sin precedente.

Con el propósito de que los bailarines mexicanas tuvieran un contacto más directo con las personalidades de la danza moderna, y que ellos y el público adquieran un concepto de la danza moderna más avanzado y de mejor calidad artística, el nuevo Departamento de la Danza del I. N. B .A. invitó a José Limón, la figura contemporánea más destacada, a venir a México en septiembre de 1950 con su excelente compañía, en unión de su gran maestra Doris Humphrey, para impartir cursos de coreografía y teoría de la danza en la Academia, y para presentar una temporada en Bellas Artes. La actuación de Limón y de su compañía fue toda una revelación para nuestros bailarines y obtuvo un éxito delirante en el público con coreografías como: La Malinche, Los Desterrados, Historia de la Humanidad, Invención, Concerto Grosso, Preludio y Fuga, La Chacona en Re Menor y Llanto por Sánchez Mejía.

El Departamento de Danza comenzó a preparar la primera gran temporada del ballet Mexicano de la Academia, desde principios de 1951, con José Limón como bailarín huésped, coreógrafo, maestro y director artística de la temporada. También se invitó, con la mira de atraer a los grupos independientes, al Ballet Nacional de Guillermina Bravo, para que montara su ballet-cantata Recuerdo a Zapata, también se incluyeron obras de los más variados estilos con el objeto de probarlos ante el público, como: Los Cuatro Soles, Diálogos, Tonantzintla, La Manda, Imaginerias (fantásticas suite de danzas abstractas y alta técnica coreográfica) y La Tertulia. Esta temporada tuvo interesante repercusiones en el extranjero; varios críticos de danza de  la prensa norteamericana hicieron el viaje a México para presenciarla y escribieron sendos artículos en los diarios de New York, Boston y Philadelphia. La universidad de Connecticut y la Universidad de la Danza de Jacob’s Pillow, en Massachusetts, que cada año celebran grandes festivales de danza que constituyen los acontecimientos más importantes en el mundo de la danza moderna, invitaron a los interpretes de Tonatzintla a bailarla en sus programas, otorgándoseles becas para participar en los cursos de danza, repitiendo el triunfo; además dieron exhibiciones de danza folklórica mexicana, por lo que se convirtieron en la principal atracción de estos famosos festivales.

En vista del buen éxito de esta primera temporada, El departamento de Danza organizó otra para el otoño del mismo año, con José Limón como bailarín y coreógrafo huésped y su maestra Doris Humphrey, invitada para montar su famosa Pasacalle, con música de Bach, considerada como una de las obras maestras de la danza moderna, se montaron obras nuevas como: Antígona, de Chávez; Redes, de Revueltas; Limón le dio a este ballet un profundo sentido filosófico e interpretó magistralmente la música de Revueltas, reiterando su genio como coreógrafo y como bailarín.

La lección más interesante de esta temporada fue el hecho de que las coreografías de los jóvenes bailarines mexicanos no desmerecieron al lado de las obras de los maestros de danza moderna, entre ellos: Guillermo Keys realizó El Chueco, Guillermo Arriaga triunfó con El Sueño y la Presencia, y Elena Noriega debutó con el ballet Tierra.

La siguiente temporada se llevó a cabo en abril de 1952y en ella se estrenaron diez obras con música mexicana como: Tozcatl, El Invisible, La hija del Yori, Antesala, La Balada Mágica, La Poseída, Sensemayá, Muros Verdes, Entre Sombras anda el Fuego, y La Valse de Ravel, única obra que no se realizó con música mexicana.

Esta Academia tuvo como consecuencia la creación del Ballet Mexicano de Bellas Artes, más tarde conocido como el Ballet Contemporáneo, para retomar finalmente su nombre original, bajo la dirección de Ana Mérida, quien lo disolvió en 1963.

Nombrando director del Departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1950, el pintor Miguel Covarrubias dará el segundo empuje al movimiento; él será el responsable de invitar a colaborar como maestro y coreógrafo en México al renombrado coreógrafo y bailarín mexico - norteamericano José Limón, quien a partir de su mensaje La pavana del Moro en 1950, dejó cautivado al público mexicano[4]. Además de José Limón, Xavier Francis también participó en la danza mexicana, influenciando a nuestros artistas con sus técnicas de la escuela norteamericana.

El ciclo originado por La Coronela, de Waldeen, en 1940, culmina con la creación de Zapata, en 1953, de Guillermo Arriaga, danza en la que se plasma toda la potencialidad de la expresión coreográfica mexicana[5]. Con amplias colaboraciones entre músicos[6], artistas plásticos[7], bailarines y creadores, la danza contemporánea en México se convierte en una experiencia liberadora para los integrantes de su movimiento y da resultados que sientan las bases de la danza contemporánea actual. Y entre un parámetro y otro quedó el aporte fundamental de coreógrafos como Elena Noriega, Ana Mérida, Rosa Reyna, Farnesio de Bernal, Guillermo Keys e independientemente Magda Montoya al frente del Ballet de la Universidad. Asimismo Guillermina Bravo, fundó en 1948 el Ballet Nacional de México, siendo este un grupo autónomo de sólida tendencia realista que, manteniendo el espíritu del arte revolucionario del mural y la estampa. se ha lanzado a la ardua tarea de llevar la danza de concierto al pueblo, buscándolo en sus propios ámbitos. Esto fue a su vez base para el lanzamiento de nuevos coreógrafos, entre ellos, Raúl Flores Canelo, cofundador en 1966, con Gladiola Orozco, del Ballet Independiente de México, ambos grupos entusiasmados por las innovaciones norteamericanas a la danza mundial, incorporaron la técnica de Martha Graham como el medio de entrenamiento fundamental de sus integrantes, continuando hasta la fecha este perfil de entrenamiento. Con esta fuerte representación de artistas, la danza contemporánea en México fue una emancipación furiosa de todo aquello que pudiera tener la mínima referencia con el ballet. Más tarde apareció una tercera compañía que impacto por sus propuestas innovadoras, el Ballet Teatro del Espacio; creado por Michel Descombey, ex-director de danza de la Ópera de París, y Gladiola Orozco, en 1979. Esta compañía, junto con las anteriores, encabeza la panorámica de la danza contemporánea subsidiada por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Este fue el tronco donde crecieron otros grupos como Expanción 7, Morula y el Forion Ensamble, único sobreviviente ahora. La disolución en 1963 del Ballet Mexicano de Bellas Artes dio pie a que los bailarines se aglutinaran en pequeños grupos en la búsqueda de nuevos caminos, formando una nueva generación de creadores y bailarines deseosos de expresarse de otra manera y con un lenguaje corporal personal. Ellos serán los que darán inicio al llamado movimiento de la danza contemporánea independiente, líder de los foros nacionales en los años 80. Estos grupos fueron el El Nuevo Teatro de la Danza de Bodyl Genkel y Xavier Francis, el Ballet Popular de Guillermo Arriaga, el Ballet Contemporáneo de Rosa Reyna, el Taller Coreografía y el Ballet Contemporáneo de Bodyl Genkel y la Compañía de Danza Moderna de la Academia de la Danza Mexicana, que intentó revivir la época de oro con obras de Waldeen; Farnesio de Bernal y Josefina Lavalle, entre otras, como un intento por reconocer el pasado para resaltar al futuro. Pero ninguna de estas iniciativas mantuvo el interés oficial por la danza contemporánea.

Muchos serán los grupos, estilos, expresiones que habrán de aparecer a partir de esta atomización. Con influencias que van desde Pina Braush, Jirí Kilián, Nacho Duato y Philobolus, entre otros, los jóvenes artistas mexicanos han sido el centro en buena parte de las programaciones artísticas de los foros de danza del país.


Treinta años de danza mexicana
Manuel Stephens

A finales de la década de 1970 se empezó a gestar un movimiento que cambiaría por completo el rostro de la danza escénica mexicana. Tras décadas de hegemonía detentada por Guillermina Bravo y el Ballet Nacional de México (BN), la cual posteriormente comparte con el Ballet Independiente de México (BI), instituido por Raúl Flores Canelo –ex bailarín del BN – y el Ballet Teatro del Espacio (BTE), dirigido por Gladiola Orozco y Michel Descombey (surgido de una escisión al interior del BI), un grupo de jóvenes deciden explorar nuevas maneras de bailar, improvisar y componer.

En 1977, Jorge Domínguez, Lidya Romero y Eva Zapfe, acompañados por un grupo de bailarines, fundan el Forion Ensamble y nace lo que se ha denominado Danza Independiente. El término se ha mantenido en uso para referirse a grupos que no responden a estructuras jerárquicas como las de las grandes compañías. Sin embargo, su acuñación se debe a improntas estéticas e históricas enarboladas por los miembros de esta generación que no están por entero presentes en las siguientes.

Los años 1980 son de una efervescencia excepcional, cualitativa y cuantitativamente, en la creación dancística contemporánea, así como en la apertura de espacios, festivales e instituciones que propician nuevas oportunidades y condiciones para el desarrollo de este arte. En 1980 se inaugura la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tiene lugar la primera edición del entonces Premio Nacional de la Danza, auspiciado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Fondo Nacional para Actividades Sociales (Fonapas). La sala Covarrubias es el segundo teatro en todo el país cuya vocación es plenamente dancística (el otro es el Teatro de la Danza del INBA) y revitalizó el medio profesional, ofreciendo un espacio de grandes dimensiones que cubría por entero las necesidades de tramoya, iluminación y sonido para los espectáculos (el Teatro de la Danza no cuenta con desahogos para escenografías, por ejemplo). Por otra parte, el Premio (como coloquialmente se le conoce y que tristemente alude a que sigue siendo el único en el país) reunió a los nuevos coreógrafos, los confrontó con el trabajo de sus pares y se convirtió en espacio de arriesgada creación, termómetro de la danza contemporánea nacional y fecundación in vitro de numerosas compañías.

En 1981 se da la primera edición del Festival de Danza Contemporánea de San Luis Potosí, gracias a la tenacidad de Lila López (1933-2001); es el primero en su tipo en Latinoamérica y eventualmente se convertirá en internacional. El Festival tenía entre sus objetivos la capacitación profesional de bailarines de los estados y mostrar las expresiones más vigentes de la danza. Este mismo año, Isabel Beteta inaugura el Centro Cultural Los Talleres, espacio de formación y sede de compañías, el cual contará además con un teatro de cámara que es una valiosa opción dentro de la magra infraestructura teatral para la danza.

El Premio ha sido fundamental en la nutrición de la escena dancística contemporánea. En 1989 el ganador es Rodolfo Maya con la coreografía Y ahora… ¿qué? A la luz de la luna llena todos los corazones son pálidos. Con este coreógrafo se inicia un cambio de estafeta. Los grupos independientes en un lapso de doce años propiciaron que sus bailarines se adentraran en los vericuetos de la composición y la incertidumbre, sin importarles el ridículo celo y paranoia que permeaba a las compañías oficiales (el único abierto a la “competencia” fue Flores Canelo, que alentaba a su compañía y alumnos a la composición en el Concurso Interno de Coreografía del BI). Maya había sido miembro de Utopía, agrupación dirigida por Marco Antonio Silva, y con su reconocimiento institucional se anuncia una generación distinta a los independientes.

La Danza Independiente inicia en 1977, con la fundación del Forion Ensamble, y concluye en 1988-1989 con la instauración del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), respectivamente. Conaculta y Fonca implican una nueva forma de producción de las artes con la que no se contaba anteriormente, y que es definitoria en el perfil que asumirá la danza contemporánea. Los grupos independientes todavía viven la influencia de las revoluciones comunista, estudiantil, sexual, feminista, gay, etcétera. Son todavía el reducto de creer que hay un futuro y que éste se puede labrar. Dejan de aprisionarse en la técnica Graham, la que estalinísticamente Guillermina Bravo imponía, y buscan otros medios de expresión.

Amalia Hernández es artífice en muchos aspectos del cambio de panorama. Visionaria y empresaria, Hernández hizo que repercutieran en México coreógrafos que habían sistematizado su estilo, como Alwin Nikolais. Patrocina la estancia de bailarines en Nueva York y abre las puertas de foro del Ballet Folklórico de México (nótese cómo las compañías institucionalizadas insistían en ser “de México”, un afán totalizador para autolegitimizarse) para que den funciones. Los grupos e intérpretes plenamente independientes son Forion Ensamble y sus múltiples derivaciones, Danza Libre Universitaria, Utopía, Barro Rojo, Ballet Danza Estudio, Teatro del Cuerpo, Contradanza, U, X. Onodanza, Pilar Medina, Contempodanza, Antares, Púrpura y Rolando Beattie, entre otros.

Los bailarines y coreógrafos que toman la batuta inmediatamente después, sin ser radicalmente opuestos a los independientes, se enfrentan a una realidad que contrasta con el pasado inmediato. Nacidos al final de la década de 1960 y principios de 1970, estos artistas se enfrentan, entre otras cosas, a la emergencia del sida. La revolución sexual y el destape de los setenta se ven asaltados por el uso del condón. Esta fue una empresa difícil que implicaba una barrera hacia el otro, lo que se contrapone a la sesentera idea de búsqueda y contacto con los otros. Se acabaron los buenos y libres tiempos.

La “cuarta generación” de coreógrafos y bailarines mexicanos, los de en medio, está marcada por el derrumbe de las ideologías. En 1989 cae el Muro de Berlín y, en 1991, acaba la Guerra fría entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética y Estados Unidos. No hay más en qué creer. El “enemigo” se desvanece. ¿Contra qué manifestarse si todo está en descomposición? Esto generó un ámbito dancístico que en cierta medida se volvió apolítico y optó por la exploración del yo.

A diferencia de los grupos independientes, los nuevos artistas de la danza viven el proceso de globalización y tienen mayores posibilidades de capacitarse en el extranjero. Las técnicas ortodoxas se dejan de lado y se busca la originalidad a ultranza. A la influencia de la danza-teatro que marcó la década de los ochenta se suman estilos generados en 1970 en Estados Unidos. El contact improvisation y el release toman fuerza en la escena. El contact se baila usualmente en duetos y se basa en el establecimiento de contacto entre los cuerpos y sentir el peso del otro para producir un diálogo en movimiento. El release, por su parte, es una técnica que busca la realineación de la estructura ósea, estabiliza algunas partes del cuerpo mientras que libera otras, busca la desarticulación, hace hincapié en los impulsos que generan el movimiento y, por lo tanto, en las transiciones entre éstos.

Otras técnicas que influencian a la danza a partir de 1990 son el butoh y el clown. Las necesidades de expresión contemporánea abrevan de múltiples técnicas y estilos y se generan híbridos. Entre los grupos que nacen en esa década se cuentan los que en la actualidad encabezan la escena dancística y se han establecido como compañías; algunos de ellos son Delfos, Quiatora Monorriel, La Manga, Las Bestias, Aksenti, La Cebra, Cressida, Alicia Sánchez y Compañía, Óscar Ruvalcaba, Arte Móvil Danza Clan, AnDanza, Proyecto Finisterra y Onírico.


La generación de los noventa experimenta el cambio en la producción de las artes. El Fonca viene a ser un respiro para la danza contemporánea que no contaba con el apoyo necesario y sistemático para su producción. Mucho se ha discutido si el Fonca ha propiciado que se trabaje en función de obtener becas, sin embargo, es la única opción de producir espectáculos, ya que no se ha logrado que la iniciativa privada participe con fondos de manera regular.

Otro de los logros debidos a esta generación, con el apoyo de Conaculta y el INBA, ha sido la descentralización. La danza en los ochenta estaba prácticamente centralizada en el Distrito Federal, con muy pocas excepciones. El Festival de San Luis y los que se fundaron posteriormente, que conforman la actual Red de Festivales, constituyeron un puente para llevar la danza a los estados. Generando públicos, los festivales propiciaron que la danza se profesionalizara por toda la República. Compañías como Delfos, dirigida por Claudia Lavista y Víctor Ruíz emigraron a Mazatlán, donde han desarrollado un proyecto educativo inusitado en el país con la creación de la Escuela Profesional de Danza de esa ciudad. Lourdes Luna ha sido una coreógrafa que se ha establecido en varios estados de la República y actualmente reside en Mérida. En Morelia se ha desarrollado un importante movimiento dancístico.

Otra de las características de las agrupaciones surgidas en la última década del siglo XX es que la mayoría de los coreógrafos se formaron por sí mismos y en los escenarios. La Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea abre la licenciatura en coreografía apenas en 1995. Algunos coreógrafos han optado por la validación oficial y son profesores de la carrera. La profesionalización de los estudios coreográficos y dancísticos en nuestro país es un fenómeno relativamente reciente y en la actualidad se han multiplicado las instituciones que ofrecen estudios a nivel licenciatura.

La danza a partir de los independientes es tal en la medida que huye de las ortodoxias. Las compañías oficiales, el desaparecido Ballet Nacional, el Ballet Teatro del Espacio y el Ballet Independiente, no son más una referencia para los nuevos coreógrafos, quienes por la globalización tienen acceso a muchas más opciones que en el pasado.

Una circunstancia que se está dando actualmente es que, a diferencia de la generación de los noventa que estableció sus compañías, los coreógrafos trabajan por proyecto, prefieren convocar a pocos bailarines o en ocasiones componen unipersonales. Esto se debe a la devastadora crisis económica que ha habido en el país y que no permite producir proyectos de gran formato, pero también por la posibilidad de presentarse en el exterior. La internacionalización de la danza mexicana es un hecho.

El sueño de la danza durante los años 1980 dio paso a nuevos coreógrafos y bailarines que siguieron con los ideales de independencia creativa y autogestión. Hoy en día la danza cuenta con mayores espacios y formas de producción, pero no hay un movimiento dancístico que permita agrupar a los nuevos creadores todavía. El centralismo de las últimas décadas del siglo pasado fue superado, pero se han creado nuevos “centros”, como el del noroeste, Morelia, Xalapa o Mérida, y se ha perdido el diálogo entre los coreógrafos de las diferentes regiones del país.

Al ser la danza contemporánea una búsqueda personal, íntima y de experimentación es indudable que las individualidades se impongan. Sin embargo, es necesario el reconocimiento de los pares. La danza de los últimos años ha perdido un sentido de comunidad que habría que recuperar, así como renovar instituciones como el Premio que a treinta años de su primera edición ha perdido la vigencia que tenía.

La explosión de grupos que inició en 1977, y que continúa, es muestra de que la danza es un arte que configura nuestra identidad cultural. Los apoyos y la infraestructura han mejorado, pero no son aún suficientes en comparación con los de otras disciplinas. En esta labor que no termina, los independientes y la generación de los noventa han jugado un rol indispensable en la conformación de la escena dancística actual. Toca a las nuevas generaciones reconocer la historia reciente de la danza mexicana, para no bailar en el vacío.





Actualmente, en el panorama de la danza moderna en México están activos el Ballet Contemporáneo de Jalapa que dirige Rossana Filomarina, el grupo de San Luis Potosí que dirige Lilia López, el grupo de Danza Alternativa que dirige Louis Fandiño, el Forion Ensamble, de dirección colectiva, la compañía de danza de Raúl Flores Canelo, el Ballet Teatro del Espacio, de Gladiola Orozco y el Ballet Nacional de México Guillermina Bravo, quien obtuvo el máximo Galardón y reconocimiento oficial. Premio Nacional de Bellas Artes 1979, por primera vez destinado a la danza. Además de grupos como: Antares, el Ballet Independiente, el Ballet Nacional de México, el Ballet Teatro del Espacio, Dramadanza, M de Mar, Nemian y Utopía.

LA CEBRA DANZA GAY


CECICLIA MUZQUIZ

DRAMADANZA


 




[1] En este arte se expresaron tanto el muralismo en la pintura como algunas obras de Obregón Santacilia, en arquitectura, y de Silvestre Revueltas, en música, además de la literatura. Curso de culturas comunitarias.
[2] Op. Cit. Cardona... pp. 29
[3] Cardona Patricia. La danza moderna, México, D.F., 1980, UNAM, pp. 26.
[4] Curso de promotoría cultural. Materiales de apoyo, México, D.F., s.f., CNCA (culturas populares), p. 37-38.
[5] Hay que hacer notar la importancia que tienen, en mayor o menor grado, ballets como: En la boda, El Zanate, Tonantzintla, El sueño, la presencia, La maestra rural o Titeresca. Artes de México, p. 66.
[6] Como Silvestre Revueltas, Blas Galindo -su discípulo-, Carlos Chávez, José Pablo Moncayo, Luis Sandi o Salvador Contreras.
[7] Que enriquecieron la espectacularidad de la danza con sus colores y formas como: Gabriel Fernández Ledesma, Miguel Covarrubias, José Chávez Morado o Carlos Mérida.

4 comentarios:

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  2. La danza contemporanea son impactos movimientos artistico con su honestidad y pasión llego a mexico a los años 60
    En el video muestra dos parejas haciendo la danza que el hombre carga ala mujer y un poco de tiempo sale otro hombre haciando movimientos.
    en el otro video indica que estan danzando ballet
    Esto nos indica como ha evolucionado la danza en nuestro pais que es mexico, como ha llegado tan lejos con la danza contemporanea y la danza moderna y el ballet.

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  3. ^
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    Atte: Anahi Román Peralta TV

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  4. Entendí la llegada de la danza contemporánea en México suspirado en la revolución mexicana esto fue llegando a México en los años 60 que ha transformado a México con grandes maestros bailarines como pude observar en los videos los bailarines mexicanos hacian movimientos suaves pero como que resaltaban con volteretas
    y en el otro video pude observar como la mujer hacia movimientos suaves con algo de ballet. asi fue revolucionando la danza contemporánea en México. la danza contemporánea es expresión, creatividad las parejas deben de trabajar juntas sintiendo lo que bailan .
    Gonzalez Moo Natali Concepcion 3 "D" t.v

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